domingo, 24 de mayo de 2009

La ceguera, la Justicia y el estado de derecho

Que a la venda que debería tapar los ojos de la Sra. Justicia, en la Argentina le cuesta horrores vencer a la fuerza de gravedad, no es ninguna novedad. Pero tengo la impresión de que últimamente los jueces a los que las venda se les derrumba, también han perdido el sentido de la propiedad y la discreción.

No me cabe la menor duda de que a todos nos debe haber, por lo menos, sorprendido el fallo que objeta a las cinco candidatas bonaerenses de la lista de Unión-Pro. No tanto por la validez de sus domicilios legales y demás exigencias (información que intenté cotejar pero me encontré con que el Poder Judicial ha cerrado el acceso a consultas del padrón electoral hasta el 29 de mayo - tampoco nos dejan ver los viejos padrones). No. Lo que de veras me cacheteó fue que, a cara de piedra y sin que se le caiga una sola pestaña, el mismo juez que validara la legalidad del muy recientemente modificado domicilio del expresidente Néstor Carlos Kirchner, se animara a poner la frente en alto para cuestionar los domicilios legales de las candidatas opositoras.

Al parecer, al juez federal con competencia electoral en la provincia de Buenos Aires, don Manuel Humberto Blanco, habría olvidado el principio irrenunciable de igualdad ante la ley. Es decir: si optó por validar la residencia de un candidato (a pesar de que está demostrado y probado que no cumple con el período mínimo de dos años previos), podemos suponer, porque considera importante privilegiar un bien mayor que, podría ser, el de no caer siquiera en la sospecha de la proscripción; debería aplicar el mismo concepto a los candidatos de todas las listas.

Lo que vale para uno, debería valer para todos. De lo contrario los derechos dejan de ser tales y se vuelven privilegios y uno de los pilares de la democracia, el estado de derecho, se hace añicos ante nuestros propios ojos.

Tres años atrás tuve el placer de escuchar una charla de Oscar Vilhena, abogado brasilero especializado en Derechos Humanos y profesor de la Escuela de Derecho de la Fundación Gétulio Vargas en la ciudad de San Pablo. Habló sobre uno de sus temas favoritos: “El Estado de derecho en America Latina”.

Para Vilhena “el problema central del estado de derecho en nuestra región es que nosotros tenemos una percepción de la fragilidad del sistema de derecho". Definió el estado de derecho como “una situación donde cada uno de nosotros tomamos el derecho como una razón para la determinación de nuestra conducta” y señaló que en, América Latina, “es una percepción bastante consolidada que la transición hacia la democracia fue parcial. Faltó la parte relativa al estado de derecho”.

Para Vilhena, “la alternativa (para la construcción de un estado de derecho) es la construcción de un estado democrático constitucional en el que las personas son un fin en sí mismas. Todo proyecto debe darse a partir de que las personas son autónomas y por lo tanto las decisoras de su futuro, en un marco de valores. Tenemos que des-invisibilizar a los invisibles, des-demonizar a los demonizados y des-privilegiar a los intocables. Necesitamos una reconfiguración del tejido social para la construcción del estado de derecho.”

Y por más que lo intento, no logro esquivar una pregunta que me muerde la punta de la nariz de madura que está: si todos estamos de acuerdo en que para la consolidación de la democracia es necesario el estado de derecho; si para que eso suceda necesitamos no sólo la división y la independencia de cada uno de los poderes del Estado sino que esos poderes se enfoquen en el rol que les compete, y si el rol que le compete al Poder Judicial es velar por el cumplimiento de la ley… ¿qué hace don Manuel Humberto Blanco dentro del Poder Judicial?


¿Sabés dónde puedo conseguirle vendas nuevas a la Justicia?

Lilly

* Ilustración del caricaturista mexicano Rafael Barajas, Fisgón

miércoles, 20 de mayo de 2009

La Revolución del Parque y un aliento de esperanza...

Esto de no tener horarios fijos por primera vez en varios lustros me está resultando todo un desafío. Es cierto... recién voy por el día #6... Ya voy a aprender a manejarlo mejor...Por lo pronto, ¡¡por fin tengo tiempo para leer!!! Y uno de los temas de hoy fue la Revolución de 1890, también conocida como la Revolución del Parque. Para mi, al menos, todo un descubrimiento. ¡No la tenía registrada! Y lo más interesante: ...hmmm... las similaridades con algunos aspectos de la Argentina de hoy, y... ¡Caray! Seguimos siendo los mismos inmaduros de siempre.Pero la lectura me dejó alguna esperanza. Es que hay quienes dicen que esa revolución marcó un antes y después en la historia argentina y "marcó el ingreso de la clase media urbana a la vida política".

¿Será posible que los argentinos dejemos de esperar al mesías político y nos decidamos a participar otra vez para detener el avasallamiento del que somos víctimas diariamente por los que ocupan hoy la Rosada?Un poquito de historia. Parece que para fines de 1889 la Argentina ya se venía cargando dos años de trepada inflacionaria, desocupación, huelgas, denuncias por corrupción y autoritarismo... Ya sabés, ¿no? Parece que en esos días era toda una novedad. Y no fue todo, para enero de 1890 llegaron también las corridas bancarias.Miguel Juárez Celman había sucedido en el cargo de Presidente de la Nación a su cuñado: el Gral. Julio Argentino Roca. Ambos pertenecían al Partido Autonomista Liberal. Ambos reunían en su figura dos cargos: el de Presidente de la República y el de Presidente del Partido. Y ambos se dedicaron a deshacerse de las fuerzas adversarias. Como fuera... ¡pero afuera! Sus opositores llamaron a este período: El Unicato.
El 26 de julio de 1990, con la firma de Francisco Barroetaveña, el diario La Nación publicó el artículo: "¡Tu quoque juventud! En tropel al éxito" que, entre otras cosas, decía:
"En medio de este general desgobierno, o del imperio de este régimen funesto, que suprime la vida jurídica de la nación reemplazándola por el abuso y la arbitrariedad, se sienten los primeros trabajos electorales para la futura presidencia, asegurándose que el Presidente actual impondrá al sucesor que se le antoje, pues dispone del oro, de las concesiones y de la fuerza necesaria para enervar los caracteres maleables y sofocar cualquier insurrección."
¡Para qué! Fue el llamado a la guerra de un grupo de jóvenes: Leandro Alem, Bartolomé Mitre, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen y, por supuesto, Francisco Barroetaveña, entre otros... Hacía rato que habían decidido levantarse en armas para "impedir la sumisión sin esperanza al régimen de Juarez". Y es que el 13 de abril una gigantesca reunión convocada para conformar la Unión Cívica (todavía no incorporaba el "Radical" atrás) juntó a casi todos los opositores. El evento se selló con una marcha a Plaza de Mayo que en el camino fue sumando gente. ¡Fue el primer acto político masivo de nuestra historia!... ¿Y cómo terminó?... ¡Dunga! ¡Dunga!
Fue tal el lío que renunciaron todos los ministros.
Mientras tanto, los muchachos de la Unión Cívica formaron una Junta Revolucionaria y se aliaron a los militares que no simpatizaban con Roca, como el Gral. Campos, el Subteniente José Félix Uriburu (el que 40 años después volteó a Yrigoyen) y otros amiguitos con charreteras.
En la fría y oscura madrugada del sábado 26 de julio empezó la rosca en la Plaza Libertad y en la Plaza Lavalle. ¡Flor de rosca! Estos chicos no llevaban palos, cadenas y tubos como los muchachos de Pérsico y D'Elía. ¡No! Llevaban armas, cañones y artillería pesada, además de las cañoneras de la flota naval sublevada que escupía furia desde el Río de la Plata. Fue sangriento y fueron derrotados. No se sabe si murieron 50, 300 o 1500. Pero los aplastaron. Se dice que el Gral. Campos los traicionó y por eso a último momento no cumplió el plan y se acantonó en la Plaza Lavalle en lugar de tomar la Rosada. En fin. ¡Fueron! Para conocer los detalles del desbarajuste que se armó (en versión cortita) te sugiero que vayas al nexo de Taringa que figura abajo. Yo acá te los ahorro.

Cuando el Congreso se dispuso a analizar lo sucedido, una vez apagada la sublevación, un senador cordobés roquista sentenció: "La revolución está vencida, pero el gobierno está muerto." Supongo que la derrota tuvo algún sabor dulce porque Juárez Celman se vió obligado a renunciar en favor del vicepresidente Carlos Pellegrini.
Y con el tiempo hubo otras consecuencias mucho más importantes. Por ejemplo, para evitar que toda contienda política se resolviera por medios violentos, en 1912 se dictó la Ley que garantizó el voto secreto. Si, es cierto, hoy con eso no alcanza. Pero lo más importante (a los efectos de estas líneas, claro) fue ese dato: por primera vez la clase media, sin necesidad alistarse en grupos con intereses particulares, salió a la calle y se involucró en la vida política. Por primera vez salió y dijo: "¡Basta! Esto termina aquí."
Y desde entonces los argentinos cada tanto salimos. Desempolvamos cacerolas y las batimos ruidosamente por las calles. Prendemos velas. Gritamos. Pero al final siempre estamos buscando seguir a alguien, siempre buscando a ése que lo va a arreglar todo, el que nos va a salvar...
¡Nadie nos va a venir a salvar!
Tenemos que salvarnos nosotros mismos: involucrándonos, participando, exigiendo y sobre todo, haciendo. Porque para reclamar derechos no tenemos problemas, pero para cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas somos bastante vagos... ¡Total!... Hemos reducido la democracia a un esfuerzo que llevamos a cabo cada dos años: metemos un papelito en un sobrecito, lo empujamos dentro de una cajita y... ¡listo!... Ahora que se encargue otro.
¡Pero así no vale! ¡Así no alcanza! ¡Ojo! No estoy haciendo un llamado a las armas. ¡Ni ahí! No me gusta nada la violencia. ¡Nada! ¡Nada! Pero si creo que cada uno de nosotros debe preguntarse: "¿qué país estoy dejándole a mis hijos y nietos? ¿qué puedo hacer yo hoy para que este país se convierta en la Argentina en la que yo quiero vivir? ¿Cómo puedo ayudar a construirla?"
Yo quiero. ¿Y vos?


Lilly Roth